Mikel Rueda

SOBRE LA EDUCACIÓN DEL ARQUITECTO EN ESPAÑA.

Siempre he escuchado que la formación del arquitecto en las escuelas de arquitectura españolas es muy buena. Técnicamente, por el contenido del plan de estudios -hasta la llegada del Plan Bolonia, al menos- salimos con un nivel de conocimientos técnicos superior al de nuestros homólogos europeos. Por experiencia personal y hablando de arquitectos recien licenciados y, sobre todo, del estudiante medio, creo que es cierto. Pero no es oro todo lo que reluce.

Con la situación económica actual, en España no hay futuro para los arquitectos jóvenes. Creo que la enseñanza en las -numerosas, por otra parte- escuelas de arquitectura españolas tiene que cambiar. Es decir, la formación española es perfecta y muy dirigida a el trabajo de “arquitecto artesano”. Y eso estaba muy bien. Ahora no tanto. Y me explico.

La competencia ahora es global. Un arquitecto español, pongamos de 25 años, recién recibido su título, lo más normal es que no tenga experiencia laboral ninguna en un estudio antes de acabar la carrera. Esto es bastante dramático, pues la diferencia de estudiar la carrera a ejercer la labor diaria puede ser bastante grande. Dependiendo del estudio, como de la noche al día. Para mí debería ser obligatorio, antes de obtener el título, tener unos meses o un año de experiencia en un estudio de arquitectura. Fórmulas para instaurarlo hay, en otros países estas “prácticas” son obligatorias. Y me parece muy bien. En la época de las vacas gordas ésto no pasaba, los alumnos comenzaban a trabajar durante la carrera y tenían contacto con la profesión. Ahora es imposible. La Universidad debería tener la capacidad de adaptarse a nuevos tiempos de forma rápida para cubrir carencias. Lamentablemente, no es el caso. Primera carencia.

Ésta, nos lleva a una segunda. Por mucha excelencia técnica con la que, supuestamente, sales de la universidad, no hay, repito, no hay, ningún estudio que te vaya a contratar y directamente te meta a dibujar detalles constructivos o te mande a obra. En ningún lado. Lógico. Son trabajos de responsabilidad, y el empleador, en este caso, necesita conocer a la persona, evaluar sus conocimientos poco a poco para ir dándola responsabilidad en el caso de que ésta la merezca. Es decir, sin experiencia, a lo que aspira un arquitecto -repito, medio- es a una pasantía -intership- para la cual antes que los conocimientos técnicos se miran primero los gráficos y espaciales. Porque lo normal es empezar dibujando y haciendo visualización 3d. Y, sí la cosa va bien, fundamentalmente, si siguen entrando proyectos al estudio -y eso no depende del intern-, es decir dinero fresco, tendrás la posibilidad de que te ofrezcan un contrato decente -cobrando menos que un arquitecto nativo de tu edad y experiencia, dicho sea de paso-. ¿Y si no entran proyectos? A volver a empezar.

Y aquí viene la tercera. Por experiencia personal y por lo que he podido hablar con colegas de otras escuelas, una vez sales de ellas, es un sálvese quien pueda. Por lo general -siempre hay excepciones- nadie te dice durante la carrera lo importante que es ir haciendo un portfolio, lo importante que puede llegar a ser guardar todos esos croquis de proyectos. Porque en España no tenemos cultura de ello. Quizás antes no nos hacía falta. Ahora es indispensable. Lo más importante a la hora de comenzar a buscar trabajo en el extranjero son los idiomas y el portfolio. Y no estoy seguro del orden. Y resulta que la gran mayoría de arquitectos, acaban ahora la carrera sin haber hecho un portfolio en su vida. En otros países, -contra los que vas a competir por tu puesto de trabajo- tienen incluso que hacer un portfolio para solicitar la entrada a la escuela de arquitectura. Y durante la carrera desarrollan y diseñan el suyo personal. Guardan todo. For the record. Nos llevan ventaja. Y sí, si uno es arquitecto, al acabar la carrera debe estar capacitado para realizar un portfolio adecuado y creativo. Sí. Pero durante los años de formación deberíamos aprender las diferencias que hay entre uno academico y uno profesional, entre uno digital y uno en formato físico para llevar a una entrevista. Y visto el panorama, saber que no funciona igual Alemania que el Reino Unido, o Brasil que Suiza. En algunos países casi hace falta un manual para escribir la carta de motivación en el formato adecuado. Cada cultura es un mundo, y somos nosotros los de fuera, los que nos tenemos que adaptar a ella. No al revés.

Los idiomas. El nivel general no depende de la escuela de arquitectura. Estamos de acuerdo. Depende de la educación anterior -ese es otro tema-. Pero creo que las escuelas se deberían plantear -en un mundo ideal, sin los vergonzosos recortes que sufren- establecer asignaturas técnicas en idiomas extranjeros, al menos optativas. Al fin y al cabo, se están formando profesionales que no van a ejercer en España en las próximas décadas. La enseñanza de arquitectura en España tal y como está planteada, cada vez tiene menos sentido -Ley de Servicios Profesionales incluida- y, si no se introducen cambios significativos su futuro es muy oscuro. Pero dicen que no hay dinero, luego no permiten cambios. Es decir, se está produciendo bajada enorme de calidad de la enseñanza.

Por último, dado que lo normal va a ser ejercer, probablemente en el extranjero y por cuenta ajena, ha perdido un poco de su gravedad. Sólo un poco. Pero es vergonzoso que termines la carrera sin tener mínimas nociones de como llevar un negocio en su día a día. Porque al final, señores, un estudio de arquitectura es un negocio. Y se tiene para vivir de él. Y en todo negocio, hace falta venderse bien, captar clientes y que las cuentas cuadren. Para eso hace falta que te expliquen cosas, pero también experiencia viendo como un estudio real funciona día a día, porque esa es, probablemente, la mejor escuela.

La enseñanza de arquitectura en España tiene muchas cosas buenas, pero, a lo mejor viendo la situación hay cosas que han de ser más importantes, que deberíamos tener más en cuenta. Deberíamos abrir más los ojos, conocer lo que pasa en el resto del mundo y tomar ventaja de ello. Y dejarnos de mirar el ombligo diciéndonos que formamos los mejores profesionales de Europa y parte del extranjero. Porque sin experiencia y sobre todo, sin idiomas, el resto, hoy en día, no vale para casi nada.

Mikel Rueda Arechederra